LAD Y SU PROYECTO DE GOBIERNO

El proyecto de gobierno de Luis Armando Díaz (LAD) es abiertamente proempresarial, aunque se le presenta aderezado con jerga tomada de los documentos básicos del PRD para justificar la búsqueda del poder desde una coalición de “izquierda”. Sin embargo, si ponemos atención a los discursos de campaña del candidato perredista, veremos claramente que tras sus expresiones populistas se esconden propuestas orientadas al servicio de los grandes capitales, nacionales y extranjeros.

El modelo de desarrollo turístico masivo que los empresarios han impulsado en Los Cabos, permitido y alentado por los distintos gobiernos locales, incluido el de LAD mismo cuando fue presidente municipal, es un modelo ya agotado en el extremo sur de la península, sobre todo por el creciente deterioro de los frágiles equilibrios ambientales, por la agudización del problema del agua y por el crecimiento de los cinturones de miseria en el principal destino turístico sudcaliforniano. Los voraces capitales que merodean nuestras costas buscan hoy extenderse hacia un norte de la entidad sediento de inversiones.

Es en esta realidad donde se inscribe el discurso de LAD, que promete hacer de BCS un inmenso corredor en el que se desarrolle el tradicional turismo masivo, depredador, cuya posible concreción estimula la imaginación de no pocos sudcalifornianos y la ambición de empresarios que calculan que la existencia de agua en la región será superior a los 25 años, periodo en el cual se planea la recuperación de la inversión total y en el que se asegura una jugosa utilidad anual sostenida. Pasado este tiempo, y cubierta a plenitud la depreciación de edificios y maquinaria, las construcciones y localidades podrán ser tranquilamente abandonadas a su suerte para buscar nuevas áreas geográficas de inversión con disponibilidad de agua y periodos de vida saludable superior al cuarto de siglo.

Luis Armando Díaz ha expresado reiteradamente, en distintos foros y medios de comunicación, que su gobierno estará orientado en primer lugar a la búsqueda del crecimiento económico y, después, al logro de mejores índices de bienestar social. La insistente repetición de estos conceptos me recuerdan los discursos de campaña y de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, quien, a pesar de todo lo que dijo, finalizó su sexenio en medio de una devastadora crisis económica y de una situación social brutalmente desequilibrada.

La veta política abiertamente proempresarial de LAD se complementa, sin embargo, con un discurso llano, carente de contenido real, pero sonoro y llamativo, orientado a captar la atención de los ciudadanos pobres para que vean en este candidato venido de abajo, como ellos, la esperanza de una solución a sus penurias. Tal discurso suele estar salpicado de citas que lo alejan de las propuestas de la izquierda genuina y lo exhiben en su peligrosa identidad con la demagogia más descarnada.

Una reflexión serena sobre lo que arriba se ha comentado me lleva irremediablemente a recordar gobiernos que, orientados a servir a los más poderosos empresarios, con un lenguaje demagógico, no siempre laico, y apoyados por legiones de marginados (susceptibles de ser convertidos ocasionalmente en militantes a sueldo o carne de cañón electoral), han ocasionado verdaderos estragos a la sociedad. Y, en medio de una creciente violencia nacional y de un sentimiento de inseguridad, no puedo evitar pensar con inquietud en las características más sobresalientes de los gobiernos fascistas. Una exageración, tal vez. Pero no puedo evitarla.

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